Las demoliciones controladas se refieren al derrumbe
seguro de una construcción y sin riesgos para las estructuras a su alrededor.

Este tipo de derrumbes han sustituido a otros procesos que se realizaban anteriormente, los cuales duraban mucho más tiempo.

Se emplean explosivos, sobre todo nitroglicerina o dinamita, los cuales son ubicados en lugares estratégicos de la estructura (soportes formados por el hormigón armado de la estructura o construcción), con el fin de llevar a cabo un derrumbe preciso. También se suelen ubicar en las estructuras formadas por acero, donde se colocan diversas cargas de explosivos, de forma literal.

Una vez colocados los explosivos, se procede a su detonación, creando una “implosión”, es decir, haciendo que la onda expansiva se mueva hacia dentro, quedando de esta manera todos los escombros en el interior del edificio.

Las detonaciones se suelen realizar con un pequeño lapso entre si, comenzando por los pisos inferiores en los edificios, e iniciando de esta forma una demolición controlada.

La preparación y ubicación de las cargas tiene, en los diferentes casos, una sustancial diferencia de tiempo en su preparación, pudiendo ser desde un día en una chimenea hasta seis meses en el caso de que se trate de un gran edificio.

Las demoliciones controladas se producen en edificios, puentes, torres, chimeneas o túneles, por ejemplo.


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